Aquí publicaré temas de psicoanálisis, cine, literatura. Algo de lo que veo y leo en nuestra ciudad
















viernes, 1 de enero de 2010

El autoengaño

Entendemos que estas cosas entran dentro de lo que llamamos mentiras piadosas. Pero lo curioso es que también nos engañamos a nosotros mismos. Estamos tan acostumbrados a ello que casi no nos damos cuenta de lo curioso que resulta que un sujeto se oculte a sí mismo una verdad que es evidente. Ya se dice que no hay más sordo que el que no quiere oír ni más ciego que el que no quiere ver...
Cuando la báscula nos dice que nuestra píldora milagrosa no ha surtido efecto y que quizás debiéramos prescindir de algunas cervezas o helados, cuando hacen dos meses largos que no me apetece hacer el amor con mi pareja, o a ella conmigo, cuando la perspectiva de un fin de semana no es fuente de alegría sino de inquietud porque no tenemos a quién llamar... Estamos acostumbrados a preguntarnos por qué, y esa razón se nos escapa.
Los psicoanalistas solemos decir que si bien es verdad que todo ocurre por algo, también ocurre para algo. El por qué nos sumerge en el pasado y nos hace pensar que es eso lo que comanda nuestra vida. Sin embargo, pensar para qué nos quedamos en cierta situación nos devuelve a nuestro tiempo, nos proyecta al futuro y permite descubrir que por peor que sea la situación vivida, es siempre menos  mala que la real o fantaseada situación a la que deberíamos hacer frente. Alguien que no pide aumento de sueldo, por ejemplo, que se queda en una empresa donde no es reconocido. Un joven que no quiere terminar sus estudios, porque aunque aparentemente lo desee, fracasa en sus exámenes, no son necesariamente personas inseguras o perezosas. A veces muestran la dificultad en convertirse en jefes de familia.  Un jefe de familia no es necesariamente un señor con mujer e hijos. No depende del sexo del sujeto ni de su estado civil.
A veces no comprendemos por qué un conocido o familiar que abusa del alcohol, o de las drogas, no hace nada para evitar esa conducta claramente destructiva. Y si investigamos, lo que aparece es una pregunta: ¿podré o fracasaré? Y es el miedo al fracaso lo que impide el comienzo de un tratamiento.
El autoengaño cumple una función económica porque aunque decimos “eso ya lo sé”, si no actuamos en consecuencia, no lo sabemos de verdad. Como se dice habitualmente, es muy diferente la teoría a la práctica.  Para eso es necesario, a veces, requerir ayuda.


                                          
                                      

domingo, 2 de enero de 2000

Intentar hacer


Pues suele ser, dicen las personas que hablan así, porque no se está seguro del resultado: intento sacarme la asignatura, pero como no depende sólo de mí... Así que estas expresiones son un modo de disculparse de antemano. Mientras "intento", ya estoy pensando que quizás fracase. Que es muy diferente a saber que, evidentemente, cualquier cosa que me pone en relación a los demás, no depende de mí.
Es como si estuviéramos más atentos a los fracasos anteriores, porque se suele utilizar "intento", con cosas o proyectos intentados de antemano.
Es decir, con cosas que hemos tenido en la cabeza mucho tiempo, las hemos considerado, imaginado, repensado... Y luego cuando comenzamos a realizar, nos damos cuenta de la diferencia entre lo imaginado y la realidad. Las horas, días y a veces años que hemos dudado no hacen sino quitarnos fuerza en el empeño.
¿Qué es mejor? ¿Estudiar medicina o fontanería, darnos cuenta de que no es lo nuestro o intentar estudiar medicina o fontanería y no acabar? Porque es difícil hacer algo mientras se intenta hacerlo.
Las cosas que tenemos en la cabeza, ya sean conversaciones con personas o proyectos son semejantes a los sueños o los delirios: carecen de realidad si no se hablan. De hecho, es bastante habitual que ideas que nos parecen claras cuando las construimos solos se demuestran endebles al pasarlas al papel. La melodía soñada resulta ser una variación de la canción de moda. El intentar hacer parece una continuación de ese estado de fantasía: intentar hacer parece menos hacer
No se trata de no tener en cuenta las experiencias anteriores, sino de preservar el máximo deseo para los nuevos deseos.