Aquí publicaré temas de psicoanálisis, cine, literatura. Algo de lo que veo y leo en nuestra ciudad
















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martes, 23 de octubre de 2012

La depresión


La depresión
La depresión es, posiblemente, la enfermedad mental diagnosticada más tempranamente en la historia de la cultura. Ya los antiguos hablaban de la melancolía, de ese humor triste que atacaba a las personas, les impedía funcionar con normalidad, cumplir con sus tareas habituales.
Hoy en día asociamos a la depresión no sólo cambios de humor. Se acompaña frecuentemente de insomnio, ansiedad, angustia. Asimismo se producen alteraciones en los hábitos de alimentación: pérdida de apetito, dificultad en la ingesta: La persona siente que “no puede tragar” o “que tiene un nudo y la comida no pasa”. Dolores articulares o musculares, contracturas.

miércoles, 1 de junio de 2011

La hipocondría


La hipocondría

Casi todos hemos tenido cerca algún amigo o pariente, o conocido con una preocupación a nuestro parecer, excesiva, por su salud. La frase “no estarás un poco hipocondríaco” no es ajena a nuestro vocabulario. Aunque a veces no recordemos la palabra, si nos la dicen, reconocemos su significado. Más aún, si nos miramos obsesivamente un granito, o un lunar, hasta nos podemos decir en secreto… ¿no me estaré volviendo un poco… hipocondríaco?
Porque la hipocondría consiste en eso: exagerar los síntomas físicos, y, sobre todo, dar siempre una interpretación dramática: una tos nunca es un resfriado, o una gripe, sino una neumonía. Una mancha en la piel no es una peca producto de la exposición al sol, sino que, como consecuencia, “justamente”, de esa exposición, y tal como se nos alerta en los medios de comunicación sobre los riesgos del sol, esa mancha, decimos, es el comienzo de una dolencia gravísima. Cuyo nombre no podemos ni siquiera pronunciar, por supuesto.

sábado, 1 de enero de 2011

La hipocondría

Así que el factor psíquico es muy importante: la persona está convencida de que padece esa enfermedad. Presa del temor, no se lo confiesa a nadie. Muchas veces consulta con el médico, si es necesario acude al especialista. Se hacen numerosas pruebas y se descubre que la persona está sana. En primer lugar, experimenta un alivio. Pero luego desconfía del diagnóstico, y acude a otro profesional. A veces, simplemente, tiene otros síntomas, y cambia la enfermedad anterior por otra. Y si el profesional desea tranquilizar al paciente, le explica que es un hipocondríaco e intenta recetarle algún fármaco de tipo psiquiátrico, para que se tranquilice o disminuya su ansiedad, el paciente suele reaccionar airado: ¿qué me está diciendo? ¿Que estoy loco? ¡Lo que sucede que usted es un incompetente! Y se va a otra consulta.
Este trastorno suele aparecer al comienzo de la vida adulta. Cualquier noticia relacionada con la salud (un familiar que enferma, una epidemia en algún país, un programa de televisión), es motivo suficiente de preocupación. La salud se vuelve el centro de la vida de estas personas, con el consiguiente deterioro de su vida laboral, ya que necesita acudir al médico frecuentemente, familiar, porque exige una atención constante, y de relación. Porque, hay que reconocerlo, es muy fastidioso.
Al mismo tiempo es peligroso para la salud de esta persona: son dados a la automedicación, muchas veces se intoxican, en otros casos cuando es necesario medicarles, las cosas no les hacen los efectos esperados. En otros casos, descuidan los síntomas de algo verdadero, y retrasan el diagnóstico.
Por eso es difícil tratarles. Porque lo que más les cuesta reconocer es, paradójicamente, que están enfermos. Pero como es un trastorno que afecta negativamente a la vida del sujeto, y que tiende a hacerse crónico, es muy importante que, con la ayuda de sus familiares o amigos, se pongan en manos de los especialistas, para recibir el tratamiento que resulte apropiado.


jueves, 28 de enero de 2010

Comenzar


 Es decir, ya traen una idea de enfrentamiento, de algo en ellos que se resistirá a cambiar y se imaginan el tratamiento como algo duro, costoso, que no les gustará aquello de sí mismos  descubrirán. Como todo esto ocurre en la primera entrevista, queda claro que el profesional ignora cualquier cosa, que no conoce al paciente, y que quien sí sabe de qué habla, es el que está allí, sentado, contando todo sin decir nada. Porque si ya sabemos que lo que veremos de nosotros no es "bonito", es que tenemos una idea de qué se trata. Si creemos que será difícil cambiar, es porque sabemos a qué no queremos renunciar. Y por eso la dificultad.
Los humanos tenemos que pensar las cosas, imaginarlas, en general, para poder hacerlas. Si nos planteamos estudiar una carrera, por ejemplo, nos imaginamos luego trabajando: ¿nos gustará trabajar de ingenieros? O: seré capaz de esperar seis años para obtener mi titulación. Seguir estudiando, aprobar las asignaturas, seguir dependiendo de mis padres... Y según  lo que pensemos, luego nos apuntamos. O no. Pero si no hay acción, los pensamientos son como sueños... Y  el simple transcurso del tiempo  no resuelve nuestras dudas.
Con la idea de comenzar un psicoanálisis sucede algo semejante. Nos lo dicen, estamos de acuerdo, pero todavía no es el momento. Como pasa a veces con terminar una relación, o decir a nuestros padres que vamos a irnos a vivir con la pareja... Ya sabemos que hay que hacerlo, pero aún... Y al igual que en las relaciones parece que sólo pensamos en ello, con el comienzo de un tratamiento lo que aparece es una auto observación que se encarga de demostrarnos que no estamos tan mal, que quizás fue sólo una crisis pasajera, que el tiempo ya pondrá en su sitio las cosas... En fin. En realidad todos estos razonamientos vienen a demostrar las argucias del pensamiento: la decisión ya suele estar tomada. Y encontramos los argumentos luego. La misma persona puede sostener por qué le conviene comenzar ya, como decidir que puede esperar.
Quizás uno de los aspectos más difíciles de reconocer en el comienzo de un tratamiento es que no se puede solo. Uno de los valores que nos inculcan desde pequeños es la independencia. Si somos jóvenes, aspiramos a independizarnos de nuestros padres: "nuestro" dinero, "nuestro" piso, son objetivos a alcanzar.  Ser independientes significa controlar nuestra vida. Y si no podemos con la ansiedad, o con esas manías que nos impiden salir de casa en un tiempo normal, o eliminar esas fantasías que a veces se nos pasan por la cabeza... Hemos perdido el control y eso nos hace sentir fracasados. El psicoanálisis muestra que en el proceso de hacernos humanos atravesamos momentos de extrema dependencia: si no nos alimentan o nos protegen de las inclemencias del tiempo, moriríamos. Y esa es una marca indeleble. Necesitamos de otros, de su amor, ayuda, reconocimiento. En la sociedad actual, sin los otros,  no tendríamos ni luz, ni agua. O sea que la independencia no deja de ser un mito, y, en todo caso, se trata de elegir de qué depender.

viernes, 15 de enero de 2010

La angustia


En cambio con la angustia no podemos quedarnos en la cama, pero tampoco salir. Ni quedarnos solos, porque nos da miedo,  ni acompañados, porque la gente nos molesta.
Pero hay veces que hay angustia, pero no la vemos como tal. Se puede padecer angustia y no verla. A veces se hace necesario un esforzado recorrido por diferentes especialistas  médicos que prefieren asegurarse de que el paciente efectivamente no padece ninguna de las graves enfermedades que los síntomas hacen sospechar, antes de decir: a Ud. No le pasa nada, y recetar un tranquilizante. Cuando es verdad que a la persona le pasan cosas, sólo que vienen disfrazadas de síntomas físicos.
Mareos, dolor de oídos, sensación de que el suelo viene hacia nosotros, o de que nos vamos a caer. En otros casos, dolor en el pecho, o en el brazo izquierdo… Vamos, que casi todos vemos las mismas películas y series de médicos y creemos saber cuándo lo que se avecina es un… infarto al corazón…
Pero lo que es más difícil es pensar que podemos padecer angustia y no verla. En una adolescente, la pérdida de apetito, o de sueño, el bajón en los estudios, puede significar que se ha enamorado, y eso no es lo evidente. Hasta podemos preguntarnos por qué esa joven no manifiesta su encuentro con el amor como algo positivo, sino como pérdida (de notas, de peso, de alegría).
En los humanos, las cosas no suelen ser siempre lo que parecen. Solemos tener que 
 hacer “una lectura”, una interpretación de casi todo lo que hacemos. Y es bueno pensar que no hay una sola manera de resolver las cosas que la vida nos plantea.

martes, 5 de enero de 2010

La depresión

Pero existen asimismo dolencias crónicas. Aún sin ocuparnos de cómo una persona se ha visto aquejada de ellas, podemos nombrar el síndrome del intestino irritable, el asma, el lupus, la fibromialgia, el dolor crónico, diversas formas de artritis. Son enfermedades que se denominan crónicas, porque, dicen los médicos, no tienen cura. Pero que convenientemente controladas, si el paciente sigue las pautas del tratamiento, dejan de ser sintomáticas. El paciente no padece la enfermedad como sufrimiento, Porque lo interesante es que son enfermedades que cursan con ataques, o crisis. Y ahí es donde se vuelve necesario hablar de la depresión. Muchas veces, cuando se produce un ataque violento de asma, o un recrudecimiento del colon, nos encontramos con que la persona había atravesado una época de moral baja. Muchas veces se manifiesta como resistencia a seguir el tratamiento. Dice: “Toda la vida tomando pastillas. ¿Para qué, si no me curaré?”. Cuando ya sabe que seguir con el tratamiento es lo que le permite desarrollar su vida habitual. Cuando estas personas acuden a su médico habitual, suelen atribuir al “estrés”, muchas veces, esos períodos agudos de la enfermedad. Lo que pasa es que es una palabra tan general que muchas veces no dice nada de la angustiosa sensación que invade al enfermo y que al no poder expresarse con palabras recorre el camino ya conocido de su enfermedad corporal. 
Es importante tener presente estas cosas en momentos como los actuales, cuando situaciones derivadas de la situación económica, por ejemplo, acrecientan los sentimientos de miedo y se agrava la incertidumbre.