Aquí publicaré temas de psicoanálisis, cine, literatura. Algo de lo que veo y leo en nuestra ciudad
















viernes, 8 de enero de 2010

Escribit

Un autor y sus lectores han dejado de tener espacios y tiempos escindidos y diferentes,  y por tanto el papel de cada uno de ellos en el camino de la información participa de la naturaleza e instrumentos del otro. El más contundente, en cuanto a eficacia y extensión,  ejemplo de ello, por el momento, son, posiblemente,  las  series de televisión. Sobre todo, las series estadounidenses, cuyo nivel de producción permiten la introducción de elementos que en otros lugares del globo todavía no son  posibles: grandes factorías de producción con multitud de trabajadores intelectuales y materiales, capacidad de improvisación ante la intervención de los espectadores,  que opinan y generan sus propias propuestas para la historia contada, capacidad de generar versiones diferentes de una misma idea narrativa, etc. Escribir ya no es escribir.” (L.M. Leer ya no es leer/escribir ya no es escribir. Revista Imán, número 4-5)

Vacaciones

Y que lo que soportamos en extraños, por motivos laborales, por ejemplo, no tenemos paciencia para soportarlo en casa. Podemos lidiar con el malhumor matutino de un jefe, o un compañero de trabajo, por ejemplo. Porque no tenemos más remedio, decimos. Pero no lo admitimos en un hijo, o un compañero sentimental. Como si fuera más fácil cambiar de pareja que de trabajo. Aquí se pone de manifiesto que no se trata de convivencia, sino de valores.
Por otro lado, marchar de vacaciones supone adaptarnos a un nuevo entorno. Y auque sea para bien, eso no deja de ser un trabajo. Muchos de nosotros experimentamos cierto nerviosismo al prepara las maletas, al deshacerlas. En los primeros recorridos por un sitio desconocido. Y como nos parece banal, nos resistimos a comentarlo. ¡Cómo explicar que me pone nervioso ir solo a la panadería, porque temo perderme! O que necesito preguntar veinte veces dónde están los ascensores del inmenso hotel al que e llegado...
Adaptarnos a nuevos entornos, físicos, sociales (¡no conozco a nadie!) no es un proceso automático. Hay personas que lo hacen con más facilidad que otras. Tener en cuenta esas características personales, crear un entorno en el que se pueda hablar de ello sin complejos y sin vergüenza, contribuye sin duda a que las vacaciones reales se parezcan a las soñadas.


                                                 
                               

jueves, 7 de enero de 2010

Celos del trabajo


En el caso de la mujer conocemos la cuestión: muchas veces renuncia al progreso laboral por los hijos, el marido, la casa. En otros casos intenta compatibilizar ambas cuestiones, con gran sacrificio. En el caso de los hombres, la cosa se plantea, aún hoy, de otra manera. Sabe que para avanzar en el trabajo debe renunciar a ciertas horas con la familia,  que su tiempo será suplido por la compañera, y entiende eso como una cuestión vital: su esfuerzo revertirá en su mujer, sus hijos, con mejora en el nivel de vida y todo lo que ello supone: casa mejor, educación mejor para los hijos… En fin, todo lo que se puede obtener con mayores ingresos.
Sin embargo hemos observado en muchas crisis de pareja que el pacto inicial, tú trabajas menos, o no lo haces, y te ocupas de la casa y de los niños, y yo me voy al mundo a trabajar, de pronto deja de funcionar. La mujer se siente sola, quiere mayor presencia del hombre, sobre todo como padre, y el hombre siente que su esfuerzo no es reconocido. Suele pasar que él no comparte lo que hace fuera (¿Qué le voy a contar a mi mujer, si es todos los días lo mismo?), Y ella tampoco habla porque salvo contadas excepciones, también, todos los días es lo mismo.  La diferencia entre ambos es que mientras es probable que él pueda progresar y crecer en su trabajo, aprendiendo, teniendo satisfacciones, las tareas del hogar, en su monotonía, dejan poco lugar al crecimiento personal. Las mujeres, hoy en día, encuentran satisfacción en otras actividades: las amigas, el gimnasio, pero no dejan de vivirlas como meros entretenimientos.
Y son los celos,  por lo que el hombre consigue estando fuera de casa, los sentimientos que están en el origen de muchas de las quejas que deterioran las relaciones de muchas parejas que ven cómo sus vidas son afectadas sin saber muy bien qué les pasa cuando, dicen, lo tienen todo para ser felices.




miércoles, 6 de enero de 2010

La espera angustiosa

También aparece referida a la moral, y son personas temerosas de su propia conciencia, que suelen dirigirse frecuentes autorreproches, perfeccionistas con su trabajo, temerosas de equivocarse.
Es un síntoma importante, por su intervención en la vida cotidiana, y nos hace pensar que nos encontramos frente a un montante de angustia, libre, y que como tal angustia es insoportable, y busca enlazarse a los contenidos que la situación nos proporciona: es verdad que el niño tosió, o que una persona se demora más de la cuenta. Y a partir de ahí se construye una historia de desgracias, accidentes, enfermedades.
No es esta la única forma en que puede manifestarse la espera angustiosa, latente casi siempre para la conciencia, pero constantemente en acecho. Puede irrumpir en la conciencia sin ser despertada por la imaginación y provoca así el ataque de angustia. Tal ataque puede consistir sólo en la sensación de angustia, sin ninguna idea que la acompañe, o con idea de muerte, de locura: “sentía que me moría” o “me parecía que me volvía loca”. A veces aparecen síntomas físicos. Como nudo en el estómago, dificultad para respirar.
De todas estas combinaciones, las personas resaltan unas veces unos síntomas, otras veces otros. Pero en el relato, a veces omiten la sensación de angustia original, que sólo se recuerda como malestar, y que suele pensarse como efecto (me angustio porque el otro tose, o se demora), y no como causa.
Varios de los síntomas citados que acompañan  o representan el ataque de angustia se vuelven crónicos, como decíamos al principio. Se confunden con rasgos de personalidad, como ser muy ansiosa, muy protectores, y es más difícil descubrirlos.
Pero quizás  podemos hacernos la siguiente pregunta: si se sufre, ¿por qué resignarse? Considerar estas costumbres o hábitos, rasgos de personalidad nos lleva a pensar que no pueden cambiarse. Cuando en realidad no hay condiciones del ser que nos obliguen a vivir con miedo, con el sufrimiento que también se origina en el entorno familiar y social. Y recordar que son muchas las cosas que no podemos hacer solos, pero quizás podemos cambiar con la ayuda de otros.



martes, 5 de enero de 2010

La depresión

Pero existen asimismo dolencias crónicas. Aún sin ocuparnos de cómo una persona se ha visto aquejada de ellas, podemos nombrar el síndrome del intestino irritable, el asma, el lupus, la fibromialgia, el dolor crónico, diversas formas de artritis. Son enfermedades que se denominan crónicas, porque, dicen los médicos, no tienen cura. Pero que convenientemente controladas, si el paciente sigue las pautas del tratamiento, dejan de ser sintomáticas. El paciente no padece la enfermedad como sufrimiento, Porque lo interesante es que son enfermedades que cursan con ataques, o crisis. Y ahí es donde se vuelve necesario hablar de la depresión. Muchas veces, cuando se produce un ataque violento de asma, o un recrudecimiento del colon, nos encontramos con que la persona había atravesado una época de moral baja. Muchas veces se manifiesta como resistencia a seguir el tratamiento. Dice: “Toda la vida tomando pastillas. ¿Para qué, si no me curaré?”. Cuando ya sabe que seguir con el tratamiento es lo que le permite desarrollar su vida habitual. Cuando estas personas acuden a su médico habitual, suelen atribuir al “estrés”, muchas veces, esos períodos agudos de la enfermedad. Lo que pasa es que es una palabra tan general que muchas veces no dice nada de la angustiosa sensación que invade al enfermo y que al no poder expresarse con palabras recorre el camino ya conocido de su enfermedad corporal. 
Es importante tener presente estas cosas en momentos como los actuales, cuando situaciones derivadas de la situación económica, por ejemplo, acrecientan los sentimientos de miedo y se agrava la incertidumbre.

                                      
                 

lunes, 4 de enero de 2010

Tengo miedo de mi hijo

Si pensamos que los jóvenes de hoy son los adultos de mañana, que son esos jóvenes los que dirigirán el país, los que dirigirán las empresas, los que entrarán a nuestras casas a reparar lo que haga falta... Porque no se trata de decir que los agresivos son minoría. Los que son mayoría son los que se aburren, los que no se sienten representados por los adultos que les educan.
No se puede, frente a fenómenos tan complejos, apuntar una sola causa. Se habla de las modificaciones de la familia actual: incorporación de la mujer al trabajo, facilidad del divorcio, el aumento de las familias monoparentales. El aumento de los recursos económicos y la disminución del tiempo que dedica la familia a los hijos como consecuencia de la dedicación al trabajo.
En el seno de la familia, eso se traduce en relaciones gobernadas por la culpa: los padres se sienten culpables por no dedicar el tiempo suficiente a sus hijos y como consecuencia, lo que dan, lo que sea, atención o recursos, no es una auténtica donación, sino una indemnización.
Y es entonces cuando en la casa dejan de ser los adultos los que “mandan”,
sino los bebés, los niños o los jóvenes. Y no es raro escuchar cómo la agenda de los adultos la deciden los hijos: Se mantienen relaciones sexuales sólo cuando los niños se duermen, por lo que no es raro que los niños lloren en momentos “oportunos” y terminen en la cama de los adultos, se pasan tardes enteras en centros comerciales y parece que todos descubren las bondades de las hamburguesas, porque es lo único que le gusta al niño, o se sale de vacaciones dependiendo de las asignaturas que el joven haya suspendido.
Así que tenemos un sector de adultos, eficaces en su realidad laboral, infantilizados en la realidad familiar. Y una generación de niños y jóvenes, ineficaces en su realidad social (ya que se aburren o fracasan en ella)y que soportan la vida de los adultos que han abandonado una parte de sus funciones.
Quizás sea este un punto de vista diferente para comenzar a pensar lo que sucede a nuestro alrededor, sin prejuicios y sin miedos a las conclusiones a las que podamos llegar.




domingo, 3 de enero de 2010

La pasión turca


...Sirve para no padecer ciertas enfermedades, es cierto, para sentirte mejor. Pero no se puede intercambiar, no puedes comprar el pan… Ni siquiera deja resto. Te duchas, te vistes, o ni siquiera, y te vas a trabajar.
Eso es lo que le pasa a la protagonista: cree que ha solucionado su vida. Y no es el fin de nada, sino el comienzo de todo.
Tengo que decir que la novela se me reveló más interesante al preparar la conferencia, es decir, al pensarla, que en su lectura inicial. Y creo que porque su estructura, la de Desi haciendo reflexiones acerca de su situación, su experiencia, es como los árboles que no dejan ver el bosque.
Desi dedica mucho tiempo, muchas páginas a pensar, describir su relación con Yaman. Que si es amor, o pasión, o deseo. Que si se muere, o no, con cada orgasmo. Que si se hacen uno, o dos, o… Que si es una experiencia física u otra cosa. Parece que la propia Desi quiere dar a su historia de "despertar de los sentidos" cierta trascendencia. Y la verdad, no sé a Uds. pero a mí, de vez en cuando, me daba ganas de decir a Desi: tía, que no es para tanto, que sólo son unos buenos….Pero claro, con eso solo no se hace una novela. Tiene que pasar alguna cosa. Y en esos sucesos es donde se ve la cultura del narrador. Evidentemente, no podemos hacer juicio acerca de las intenciones de Gala como sujeto. Pero sabemos que es un escritor culto, leído. Conoce muchas mujeres… todos los personajes femeninos de las innumerables obras que ha leído. Y es con esos sucesos, que no aparecen como los más importantes, donde acabamos de construir a Desi.
Desi se enamoró locamente, ha conocido a Yaman, ha viajado con él, ha visto el cielo y el infierno. Cuando vuelve, está embarazada. Y lo tiene claro: va a tener ese hijo. Y si Ramiro, su marido, acepta, y se puede quedar en su chalecito de Huesca, mejor. Aunque sepa que ese hombre no la tocará, ni de mentirijillas, nunca más. Que estará condenada a la vida de apariencias, encuentros con lo clientes o jefes de Ramiro, a los secretos inconfesables. A la rutina, los paseos por el Coso arriba, Coso abajo. Y que en esas condiciones el hijo será único. Y por ese hijo renuncia a Yaman. Sin dudarlo.
En realidad, en la novela está eso muy bien contado. Es mejor que Ramiro sea impotente. Porque con el hijo, no necesita hombre. Por si no lo hemos entendido, la única masturbación la realiza, justamente, cuando se entera del embarazo, antes de comunicárselo a Ramiro. Y muy satisfactoria, digo, esa relación sexual.
Pero el niño fallece. Y Desideria hace las maletas. Vuelve a Estambul. Ella cree que vuelve en pos de ese amor, de ese hombre. Y de nuevo unos cuantos párrafos acerca de ello nos lo quieren hacer pensar. Pero yo creo que no. No vuelve en pos de ese amor apasionado, inmenso. Si ya había renunciado a él. Ya se había masturbado olímpicamente. Creo que vuelve a buscar el hombre que la pueda embarazar nuevamente, que pueda hacerla madre.
Pero ese hombre no es Yaman. A él no le interesa. Sólo se trata de tener una europea guapa, que le permita afianzar la autoestima y, más aún, le sirva para introducirse en ciertos círculos europeos para ampliar su negocio de droga. Aparte, y aunque no es el tema, él ya tiene una madre: por un lado, la mujer que le dio los hijos, pero sobre todo, su propia madre, que le vigila los hijos y que es la socia cuando tiene algún problema, como los abortos de Desi. Interesante.
Pero Desi no lo sabe. No conoce a Yaman. No hemos visto un mínimo interés por saber de él como persona. Sólo le importa lo que él puede darle: su propio goce. Pero no le pasó sólo con él. También con Ramiro. Se sorprende de que sea impotente, porque no pensó qué significaba su religiosidad, su no tocarla. No olvidemos que él es guapo y estamos en los 90. Se sorprende cuando él le dice que sabe que el niño no es de él porque sin decir nada, se había hecho unas pruebas. Desi no les quiere. Ni a Ramiro, ni a Yaman. ¿A quién quiere? A su padre, al perrillo y al niño retrasado del bazar. Todos seres descritos como desvalidos, patéticos, casi. Que le permiten dar salida a un presunto instinto maternal. O, en una lectura más compleja, seres que le permiten la posición de "amo", cuando en la relación amorosa está en la posición de "esclava". Este tema, del erotismo del sado-masoquismo es muy interesante, y no lo desarrollaré aquí, pero esta novela no es un mal punto de partida…
No olvidemos cómo había sido su aceptación de Ramiro:
Después de un año de buscar un puesto de trabajo en vano, aburrida y humillada, un anochecer de sábado, a la salida de misa en San Lorenzo -era noviembre y hacía ya frío-, Ramiro me preguntó, con una naturalidad tan grande que parecía fingida, que por qué no nos casábamos. Yo tenía los ojos en el suelo… Por la tarde estuvimos, mientras el sol ardía en la copa oxidada de los castaños, en la rosaleda del parque, donde los novios solían apartarse para estar juntos debajo de las rosas que ahora no había, y yo me preguntaba para qué Ramiro y yo estábamos allí... Levanté los ojos del suelo, le miré a los suyos, y le dije también con naturalidad:
- Tienes razón. ¿Por qué no nos casamos de una vez?

Desi no es capaz de querer, ni siquiera a sí misma. Por eso cuando ve frustrada su maternidad, y después del segundo aborto, de forma definitiva sólo queda el camino de la degradación: porque como bien se sabe, la mujer que disfruta sexualmente, es una… Podemos detenernos más, o menos,  en la descripción, pero sabemos que una vez que Desi le es útil, Yaman ya se interesa por otras mujeres. Queda claro que la relación no era recíproca, ninguna lo es, ni simétrica. Yaman no necesita a Desi para gozar. Desi tampoco le necesita a él, pero no lo sabe. Y es la aparición de otra mujer la que desencadena el final.
Que no por esperado es menos sorprendente. Porque… no se suicidó después de los abortos, ni cuando ve claro que Yaman la utilizará como moneda de cambio.  Se suicida cuando ve la verdadera prueba de su fracaso existencial. No será ni única, ni la última mujer. No olvidemos que según sus propias palabras:

Yo creo -ahora, desde lejos- que fue esa elección suya la que me movió, unos años después, a casarme con él: ¿cómo iba yo a despreciar a un hombre que les encantaba a las demás mujeres?